Hoy he empezado las clases después de las vacaciones de semana santa. He visto muchas procesiones y eran muy bonitas. Al final siempre llegaba a casa a las diez de la noche, agotada y con los pies y las piernas doloridos de tanto caminar por el centro de la ciudad.
El viernes fui a casa de mis abuelos. Iba yo toda motivada porque pensaba que iba a haber pollo para comer (allí siempre está delicioso *w*) pero no. No había pollo. Porque era lo de ayuno y abstinencia y no se podía comer carne. Así que en vez de pollo había bacalao. El pescado más salado que he comido nunca. Vamos, que después bebiendo agua porque no se me quitaba la sed. Pero no estaba malo.
Después llegó el domingo. Ay, la depresión del domingo. Se hace más dura cuando te has pasado un tiempo de vacaciones. Al día siguiente volver a clase. Ver a ese grupito de gente que siempre se está metiendo con todo el mundo, y ese otro grupito que cuchichea y cuenta cotilleos (muchas veces falsos) sobre otras personas. Y los típicos que se aburren mucho en clase y empiezan a tirar bolitas de papel al primero que pillan por delante. Y, sí, también el lunes tienes esa clase que tanto odias. No tienes ningún amigo y la profesora siempre piensa que no te estás enterando de nada.
Pero en las otras clases ya ves a tus amigos. Con ellos las horas no pasan tan lentas ni tan aburridas. Y los cambios de clase con ellos son lo mejor. Risas y más risas, una bobada detrás de otra. Y después un merecido descanso de media hora, comiendo una napolitana de chocolate que nos ha dado un hermano de un amigo (en serio, siempre sabe que le vamos a pedir comida y ya nos trae algo xD). Al final, el lunes no me ha ido tan mal como esperaba, y sé que podré seguir adelante todo el trimestre.
Ya no tengo nada más que contaros por hoy, así que mucho ánimo a todos :D

.jpg)


.jpg)



